EL IMPOSTOR TE ATRAPÓ

Cuando emprendemos un proyecto o comenzamos una nueva actividad puede ser que sintamos que no estamos preparados, que no sabemos.

También pasa a veces, y no es humildad, que le quitamos importancia a nuestros éxitos y ni siquiera nos estamos dando cuenta.

¿Te suena de algo? ¿Quieres que te cuente más? Dale caña

 

Os vengo a hablar hoy de una nueva celebridad

 

Con todos ustedes les presento a la nueva celebridad, a la nueva tendencia, al último grito en la moda de esta era:

EL SÍNDROME DEL IMPOSTOR O SÍNDROME DE LA IMPOSTORA

¿Y quién es? ¿De qué trata?

Es ese sentimiento de no merecer aquello que logras, de menospreciar lo que consigues, de achacarlo a la suerte…

Y, aunque no lo creas, es algo bastante común y, sobre todo, si te mueves por una profesión que no es muy “reconocida” como trabajo o en la que se presuponen unas capacidades concretas o en los que se te implica “venderte”.

Obviamente dependerá de la persona el que aparezca o no. Y puede ser que te aparezca en algún tipo de actividad y en otras no. No es más que una cuestión de inseguridad o una autoestima más baja en ese tema en concreto.

 

¿Cómo puedo detectarlo?

 

Pues depende de cada persona pero igual te resuena alguna de estas situaciones:

  • Infravalorar tus logros. El típico de sacarte la carrera sin repetir y decir “no es para tanto, sólo estudié, no más”. ¿Perdona?
  • Autosabotearte. A esto que consigues un puestazo de trabajo para el que optaban muchas personas y tú eres la persona elegida. Y dices “tuve un buen día, cualquiera podría haberlo conseguido”. Again, ¿Perdona?
  • El eterno aprendiz. Crees que nunca es suficiente lo que sabes. Siempre necesitas estudiar más para colocarte el título que te mereces o para cobrar lo que valen tus servicios. Así nunca arrancas. Esta cosa de tener dos carreras, tres másteres, dos títulos experto, el b2 en tres idiomas y experiencia en el sector pero oye, no te sientes muy experto en el tema. Lo repito porque es que me parece una locura ¿Perdona?

Podría seguir ilustrándote situaciones pero, ¿para qué? Creo que me has entendido perfectamente. Además, normalmente detectamos perfectamente cuándo alguien de nuestro alrededor está sufriendo esto y le decimos la típica de “anda ya pero si eres una pasada, ¿Quién mejor que tú sabe de eso?” “Pero si vales un montón y tus clientes están encantados” y cosas por el estilo.

Pero claro, es fácil ver la paja en ojo ajeno y no la viga en el propio, ¿no?

 

Ahora que ya conozco al enemigo, ¿Cómo frenarlo?

 

Bueno tengo que darte una mala noticia: No desaparece. No se neutraliza forever and ever.

Sí es posible frenarlo y aprender a callarle la boca cada vez que aparezca. Pero si eres una persona que te mueves mucho es probable que cuando se planteen nuevos retos o nuevas situaciones, a veces, aparezca de nuevo.

Como has visto, tiene mucho que ver con confiar en ti y aumentar tu autoestima en los campos en los que flaquea un poquillo. Para eso es necesario quererse más.

Tranqui, sé que no te estoy contando nada novedoso pero espera.

La cosa es empezar a realizar pequeñas acciones que la vayan reforzando. Puedes empezar por reconocer qué se te dé bien y en qué destacas y dejarte de negarlo.

Es lógico que al principio te de apuro hacerlo en sociedad. Prueba tú mismo en casa delante del espejo. Mírate a los ojos y lo dices en voz alta. En el fondo sabes que es verdad, lo que pasa que estamos muy entrenados a negarlo.

Cámbialo.

Y ahora te dejo unos ejercicios parecidos y maravillosos que vi en un vídeo de Sara Albaladejo y que me parecen geniales para ir poco a poco subiendo el volumen de nuestra seguridad y confianza en nuestros logros y éxitos.

 

Pero… ¿Realmente me lo merezco?

 

Resulta que todo esto también tiene mucho que ver con el merecimiento.

Por h o por b ciertas personas no se sienten (sentimos) merecedoras de lo bueno que les (nos) sucede.

Yo me incluyo porque yo me enfrento cada cierto tiempo con mi impostora. Lo bueno es que ya le tengo cogido el tranquillo y no me hunde la moral.

Igual que con la seguridad, con el merecimiento hay que tener paciencia. No vamos a notar cambios al segundo día de empezar a practicar.

Si sientes que tu impostor tiene que ver con no merecer lo que tienes, te propongo un doble trabajo:

  • Hacer una lista de todas aquellas cosas maravillosas que conseguiste y que achacas a la suerte o le quitas importancia y te dices: “yo me lo merezco”.
  • Por otro lado, algo muy importante y que hacemos muy poco: Agradecer. Cuando algo bueno aparezca, cuando consigamos un logro, un objetivo… Damos las gracias por haber sido receptores, trabajadores, valientes… Lo que sea que consideres que es tu cualidad que atrajo ese logro.

Estas prácticas pueden parecer muy místicas pero no es más que darnos cuenta y reforzar positivamente la creencia que queremos establecer en nuestro cerebro.

 

Y ahora, a ponerlo en práctica.

Pues con esto y un bizcocho…contarte que esto nos puede pasar a todas las personas que somos exigentes con nosotras mismas. Se trata de entrenar nuestro cerebro a que no menosprecie nuestro trabajo y esfuerzos y a creerse merecedor.

Si estás interesado en aprender cómo frenar al impostor que llevas dentro y a esa vocecita que te critica a las espaldas escríbeme o bichea las mentorías, seguro te interesan! Además, justo tengo un taller sobre esto! Dale caña.

Espero que os haya gustado y…nos vemos por aquí!

Circular_Fondo Amarillo@2x

nos vemos en los comentarios

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