Empezar un proceso implica ir de un punto A (tu situación inicial) a un punto B (donde quieres llegar).
En este artículo quería hablarte un poco precisamente de esto: ¿Cuál es la casilla de salida y cuál la de llegada? ¿Cómo se hace?
¿Quieres saber más? Dale caña!
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No te vengo a hablar de nada místico
A pesar de lo que pueda parecer y de que tengo pintas de ser un poquito mística (no es mentira tampoco). Hoy quiero dejarte claro que no voy por ahí.
Es cierto que en todo momento estamos en cambio. Tú no eres la misma persona que ayer ni la que vas a ser mañana.
Cuánta profundidad en una frase, ¿verdad?
Pero resulta que es cierto. Todo lo que nos pasa cada día forma parte de nosotros y nos va a definir en mayor o menor medida.
Sin embargo, no vengo a hablar de cosas intangibles sino todo lo contrario y por eso hablo del punto A y del punto B.
Hablemos primero de lo primero: la A
Hay momentos en la vida en los que por H o por B (vaya va la cosa hoy de letras) somos conscientes de que estamos en un punto del que queremos salir o hacer un cambio concreto.
El punto A es esa situación de la que quieres salir, que te causa una incomodidad y que no te hace ser del todo feliz, ¿te suena un poquito?
Seguro que si miras atrás, o en tu vida actual, reconoces uno o varios puntos A. De hecho te invito a que lo hagas. Piénsalo y anota.
Lo suyo es hacerlo de tu vida actual pero si te agobia empezar por ahí, simplemente vas a hacer un ejercicio de reconocer que alguna vez hiciste cambios en tu vida de manera consciente.
No siempre es absolutamente necesario (nunca nada es tan radical) hacer un análisis de tu vida con pelos y señales para decidir qué quieres cambiar pero a veces es útil y tu cuerpo lo sabe y te lo va a pedir.
Después de lo primero viene lo segundo: la B
El B es la casilla de llegada, el objetivo.
Cuando tomas la decisión de cambiar algo de tu vida (no tiene que ser TODA ELLA ENTERA), algún aspecto o algo que no te encaja, lo suyo es proponer un punto B, ponerte una meta, un lugar al que quieres llegar.
Más que nada esto es para saber hacia dónde te diriges, si no la cosa se puede volver bastante abstracta y te he dicho que hoy venía a hablarte en concreto.
Así que cuando hayas mirado cuál es el punto A, determina tu punto B ideal pero realista, encuentra el equilibro entre estos dos adjetivos, hazte el favor.
Y por medio lo del medio: el proceso
Entre el punto A y el B siento mucho decirte que no hay una línea recta. No sabes cómo va a ser el camino nunca y te aviso ya que estimarlo es un pa na.
La cosa es ir fluyendo con la que la vida nos trae.
Y me dirás: “¿para qué quieres que ponga entonces los puntos?, pa eso me dejo fluir y ya”.
Obviamente tú haz lo que quieras pero lo que te propongo es ver qué quieres modificar (A), hacia dónde te diriges (B) y qué vas a hacer para ir (estrategia) PERO que te dejes llevar. No te agarres a que todo se cumpla tal y como en tu cabeza se crea.
Es importante tener rumbo para no acabar bien perdido pero oye, amóldate a lo que venga y ve viviendo lo que aparece. Ser rígido aquí no te va a ayudar.
Lo único en lo que tienes que ser “rígido” es en seguir queriendo llegar al punto B y no perderlo de vista.
Y con esto, hala, a vivir
Dicho esto sólo me queda repetirte que fijes estos puntos pero que te dejes llevar por la vida o lo vas a pasar muy mal, te lo dice la que ha sido muy organizada, rígida y perfeccionista.
Y que las personas a las que acompaño en mis mentorías vienen con su punto A, su idea del punto B y juntas hacemos el camino de la manita para que no se paralicen ni tengan miedo a saltar.
Si quieres dejarte de excusas y de perder el tiempo dando vueltas en tu punto A y mirando de lejos el punto B sin tomar acción, escríbeme y hablamos, que le damos caña.
Espero que te haya gustado y…nos vemos por aquí.



